Todos los expertos coinciden. El «Internet de las Cosas» (IoT, «Internet of things») es una de las tendencias en materia de ciberamenazas que, por desgracia, tendrá un elevado protagonismo este año. Ya en 2015 hablamos de esta nueva concepción tecnológica que cada vez está más presente en la vida de cualquier persona porque es el resultado de la transformación digital que vive la sociedad. Y el futuro va encaminado hacia el coche conectado o la «smart home» (casas inteligentes).
El «smartphone» se ha convertido en el centro de todas las operaciones. Vivimos conectados y no solo a través de él. Televisores, neveras inteligentes, juguetes electrónicos… Esto no ha hecho más que empezar. Según un informe de Gartner, en 2016 habrá 6.400 millones de dispositivos conectados (un 30% más que en 2015). Y, para 2019, IDC calcula que el IoT moverá más de un billón de euros.
Ante estas escandalosas cifras, los «hackers» saben muy bien hacia dónde deben encaminar su estrategia. «Aunque de momento, los ataques al Internet de las Cosas son experimentales porque la industria del cibercrimen no ha encontrado aún la manera de monetizarlos», explicaPablo Teijeira, Country Manager de la compañía experta en seguridadSophos Iberia. Es decir, a día de hoy los ciberdelincuentes sí saben cómo extorsionar a empresas y particulares o atacar la estructura de un banco para transferir a sus cuentas grandes cantidades de dinero. Con el IoT también conseguirán obtener un beneficio económico. Es solo cuestión de tiempo.
Un ladrón en casa
Estos mismos ejemplos son extrapolables a las empresas. «La línea entre lo corporativo y lo particular es muy difusa. Conectamos el ‘smartwatch’ o el ‘smartphone’ al wifi del trabajo», recuerda el experto. El empleado se convierte así en el puente perfecto para que los ciberdelincuentes puedan atacar cualquier empresa.
Ante este panorama, hay que tomar medidas. De la misma manera en la que el usuario sabe que debe ignorar un email de un remitente desconocido con un archivo adjunto, a la hora de comprar una caldera inteligente, debe saber «a qué dispositivo se conecta, dónde y para qué; revisar las opciones de configuración y preguntar al vendedor si, por ejemplo, se puede cambiar el usuario y contraseña que viene por defecto. También conviene saber si las comunicaciones son cifradas», apunta Pablo Teijeira.